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Investigador de la U. de Talca plantea que los desechos agroindustriales del Maule son una oportunidad sin explotar

La región del Maule genera del orden de 200 mil toneladas de desechos industriales y cerca de 1,5 millones de toneladas de desechos agrícolas al año, la mayoría sin clasificación de residuo peligroso bajo la normativa vigente, lo que en la práctica significa que gran parte termina simplemente dispuesta en el predio agrícola sin ningún tratamiento. Ese fue el diagnóstico que planteó Diógenes Hernández, académico e investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Talca, en su presentación durante el seminario de Reciclaje y Sostenibilidad Agrícola realizado por CampoLimpio en Curicó, el pasado 19 de agosto.

Hernández explicó que su laboratorio —que partió como un proyecto individual y hoy reúne a un equipo de estudiantes de pre y postgrado— trabaja caracterizando química, física y biológicamente cada tipo de desecho para identificar qué puede extraerse de él.

Entre las líneas de trabajo, mencionó el desarrollo de alimento animal a partir de desechos agroindustriales para caprinos, ovinos, porcinos y aves, con foco en reducir la grasa dorsal, mejorar el perfil de ácidos grasos de la carne y bajar el colesterol y el sodio en huevos. Señaló que estos desarrollos se han validado con pruebas de campo en animales, incluyendo análisis de la carne tras el proceso de faena.

También describió el desarrollo de un coadyuvante agrícola elaborado a partir de carozo de cereza, un residuo abundante en la zona que contiene cerca de un 30% de aceite. El proceso combina prensado en frío y extracción por solvente, seguido de una transformación química hasta obtener un metiléster que compone aproximadamente el 95% de la fórmula final. Según Hernández, su aplicación permitiría reducir a un tercio el uso de un producto de referencia (probablemente glifosato) y el desarrollo ya está en proceso de tramitación ante el Servicio Agrícola y Ganadero.

En biocombustibles, el laboratorio produce pellets certificados según normativa internacional a partir de mezclas de desechos, bioetanol por fermentación de cualquier residuo con buen contenido de carbohidratos, y biodiésel a partir de residuos aceitosos que —de acuerdo a lo expuesto— tendría un costo por litro significativamente menor al del diésel convencional, sin requerir modificaciones al motor de un tractor.

Hernández también expuso trabajo en carbón activado, producido mediante pirólisis convencional y carbonización hidrotermal, con aplicaciones probadas en la extracción de metales pesados y microplásticos del agua. Adelantó, además, desarrollos en bioplásticos a partir de residuos domésticos y agroindustriales, con los que el laboratorio busca fabricar productos como carteras, cinturones y calzado. Cerró refiriéndose al trabajo del laboratorio en identificación y mitigación de compuestos orgánicos volátiles y olores, área en la que —según planteó— cuentan con tecnología de análisis molecular para desarrollar filtros específicos según el compuesto causante.

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